Andrés Salvador
¿Cómo vivían los
sujetos concretos de la sociedad indiana (vecino, funcionario, regidor, virrey, encomendero) esa disociación
permanente entre lo que la norma formal ordenaba y lo que realmente se
hacía?
La respuesta, según el OVCC y las Notas de Recorrido (Salvador
2026), es la siguiente:
El sujeto material no vivía esa disociación como una contradicción
angustiante o insoportable, sino como el modo normal y cotidiano de funcionar
dentro de un orden patrimonial-corporativo.
Esto se explica por los siguientes ejes:
1. Instituciones (normas – práctica)
El principio jurídico “obedezco pero no cumplo” no era una
hipocresía ni una anomalía: era una institución formalmente reconocida
en el derecho indiano. El funcionario o el vecino que recibía una cédula real
que le parecía perjudicial o inaplicable la “acataba” formalmente (la besaba,
la ponía sobre su cabeza y decía “obedezco”) y luego la archivaba o la aplicaba
parcialmente. Esto permitía al sujeto material cumplir ritualmente con la
norma sin alterar la práctica real. No sentía culpa ni contradicción
interna porque el sistema jurídico mismo le ofrecía esa válvula de escape.
2. Cultura: Ideas y Justificación Ideológica
La cultura indiana era corporativa y teológica, no individualista.
El sujeto (vecino, funcionario) no se definía como un “yo” autónomo que debe
ser coherente consigo mismo, sino como miembro de varios cuerpos (Cabildo,
cofradía, familia, vecindad). La lealtad al Rey (idea central) se expresaba en
el plano formal (acatamiento simbólico), mientras que la lealtad al cuerpo
local (práctica) se expresaba en la defensa de los intereses concretos. Ambas
lealtades eran compatibles dentro de la cosmovisión estamental-católica.
3. Sociedad: Acciones Sociales y Forma Típica de Vida Social
Las acciones sociales dominantes eran tradicionales y corporativas
(Weber). El vecino o el funcionario no actuaba como individuo moderno que debe
resolver una contradicción ética personal, sino como parte de una red de
reciprocidades y lealtades locales. La práctica cotidiana (contrabando,
negociación de impuestos, aplicación flexible de la mita, favoritismos) era la
forma normal de vida social. Nadie la vivía como “hipocresía”; era
simplemente “cómo se hacían las cosas”.
4. Comunidad Política y Ambiente
El sujeto material operaba en un sistema donde la distancia geográfica y la
lentitud de la comunicación hacían imposible aplicar literalmente las normas
metropolitanas. Por eso, la disociación no era vivida como conflicto interno,
sino como adaptación razonable a la realidad (distancia + necesidades
locales). El virrey, el gobernador o el regidor que “no cumplía” no se sentía
traidor al Rey: se sentía un buen administrador que hacía posible la vida
colonial.
Conclusión desde el Marco Teórico
El sujeto indiano (vecino, funcionario, encomendero) podía vivir
perfectamente en esa disociación porque:
- El orden
colonial era patrimonial-corporativo, no individualista-liberal.
- La
“contradicción” entre norma y práctica estaba institucionalizada y
culturalmente legitimada.
- No existía
todavía el ideal moderno de coherencia personal ni de transparencia entre
lo que se dice y lo que se hace.
En términos del OVCC: la práctica (dimensión pragmática de la
sociedad) y las normas (dimensión normativa de la cultura) no estaban en
conflicto para el sujeto histórico; formaban parte de un mismo dispositivo
institucional que permitía la reproducción cotidiana del orden colonial.
Por eso Bartolomé de las Casas pudo denunciar la violencia y, al mismo tiempo, seguir siendo obispo y consejero del Rey: porque incluso la crítica más radical operaba dentro de esa misma lógica disociada que el sistema toleraba y, en cierto modo, necesitaba.