junio 30, 2017

Socialismo y Anarquismo

Notas sobre Estado y Sociedad / 3

Andrés Salvador

Gracchus Babeuf
Léonard Gallois, Histoire des journaux et des journalistes 
de la révolution française,
Paris, Bureau de la Société de l'industrie fraternelle, 1846
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En este trabajo se estudian las objeciones de que fue objeto la igualdad política o igualdad formal consagrada por la Revolución Francesa, el problema que supone la desigualdad material en relación a la libertad y las respuestas teóricas formuladas por el marxismo y el anarquismo; y que continua el examen de los conceptos de Estado y Sociedad que iniciamos en El estado y las Categorías Políticas Preestatales [ITGD, Corrientes, 2001], y La separación entre el Estado y la Sociedad y el desdoblamiento entre lo Publico y lo Privado [ITGD, Corrientes, 2001].

Libertad política y desigualdad social. El liberalismo cuyo triunfo marca la Revolución Francesa proclama el principio sagrado de la libertad pero esta libertad es un espejismo ya porque el libre juego de la competencia aplasta a quien no esta suficientemente armado para la lucha; ya porque la conservación de la propiedad privada, si bien garantiza la independencia de los poseedores, reduce a la dependencia y también a la esclavitud a los que nada poseen.

Antinomia casi insoluble, que grava pesadamente al liberalismo. La organización política reposa sobre los principios eternos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, mientras que  la vida social esta dominada por la esclavitud económica, la desigualdad social y la lucha de clases. «Se iba a transportar el cielo a la tierra», afirmo Hegel, a propósito de la Revolución Francesa. Desgraciadamente, este cielo que bajo la forma de Estado parecía desde entonces accesible a todos, no hacia sino poner aun mas de relieve las condiciones miserables de la vida social (Arvon, 1971: 15-16).

La Conspiración de los Iguales. Surgirán entonces quienes exigirán que los principios reconocidos y aplicados en el dominio político gobiernen igualmente la  Sociedad, que la libertad política se traduzca en la igualdad social, sin la cual no es mas que una burla (Arvon, 1971: 17).

Gracchus Babeuf, Le Tribun du peuple, 1795
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Así la Conspiración de los Iguales, que fuera dirigida por Babeuf afín de derribar el gobierno del Directorio (9-10 de Septiembre de 1795), expresa en su manifiesto que la igualdad decretada por la Revolución Francesa no es mas que «una bella y estéril ficción de la Ley». Sublevándose contra ella los conspiradores proponen sustituir la igualdad definida en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (es decir la igualdad política o igualdad formal) por la igualdad social (o igualdad real) [Arvon, 1971: 17; Touchard, 1979: 365; Peronnet, 1985: entrada Complot: 79-83 particularmente 82].

La conciliación de la libertad individual con la libertad de todos como problema en el mundo moderno. He aquí el problema fundamental del mundo moderno: ¿Como conciliar la libertad individual con la libertad de todos?. Problema arduo puesto que  la igualdad social, que es la garantía de la libertad de todos, postula cierta limitación de la libertad individual, mientras que  la igualdad política es inseparable de la plena libertad individual (Arvon, 1971:18).

La convicción de que el ciudadano no goza de libertad verdadera en una sociedad que no garantiza su vida material halla una ajustada exposición en  «La cuestión Judía» de Marx; como ya vimos, el edificio armonioso del medioevo se descompuso en dos partes iguales: por un lado la Sociedad burguesa que proporciona un campo de  actividad ilimitado a todos los individualismos y a todos los egoísmos; por el otro el Estado (Sociedad política), esfera del altruismo, puesto que en su seno los fines del individuo armonizan con los de la colectividad (Salvador, 2001). 

Marx y su solución del problema. El concepto hegeliano de alienación le permite a Marx esclarecer el alcance y sentido de este dualismo. Dando por admitido que el hombre, por esencia es un ser social, Marx no puede ver en la realización teórica e ilusoria que el ideal social conoce en el marco del Estado sino una alienación de la esencia humana. Es precisamente porque el Estado mantiene cautivo el ideal social, que este falta tan cruelmente a la Sociedad (Arvon, 1971:19).



Karl Marx (1875)
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El dualismo Estado y Sociedad se hace transparente en la separación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. ¿Cuales son en efecto los derechos específicos del hombre? La igualdad, la libertad, la seguridad, y la propiedad. La libertad, es el derecho del individuo limitado a si mismo, o sea la justificación del egoísmo; es en nombre de esta libertad que se le garantiza al hombre la posesión de una propiedad privada. La igualdad es el derecho que se reconoce a todos de llevar una vida aislada y egoísta. La seguridad, por fin, es la protección de que goza el egoísmo (Arvon, 1971:19).

Marx deduce de los lineamientos hegelianos de su demostración su solución. Puesto que según la dialéctica, toda escisión, toda alienación debe ir seguida de una reapropiación o reconciliación, Marx concluye a su vez la necesidad de reintegrar el Estado en la Sociedad y de «reconciliar» al ciudadano con el burgués. El ideal después de haberse separado de la realidad debe regresar a ella para animarla con su espíritu (Arvon, 1971:19-20).

Posición de los anarquistas. Ahora bien,  también es posible pensar una segunda solución. En vez de superar la oposición y reconciliar los dos términos contrarios, se puede encarar el rechazo puro y simple del Estado y la reconstrucción de la Sociedad según principios extraestatales. 


Mijaíl Alexándrovich Bakunin 
(1814-1876)
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Esta es la posición que eligen los anarquistas. Este es el parentesco espiritual que une y el abismo que separa al socialismo y al anarquismo (Arvon, 1971: 20).

 
Bibliografía

Arvon, Henri   1971:    
El Anarquismo.
Buenos Aires, ed. Paidos, trad. cast. de María Teresa Cevasco, 1971.

Peronnet, Michel   1985:   
Vocabulario básico de la revolución francesa.
Barcelona, ed. Critica, trad. cast. de Pablo Bordonava, 1985.

Salvador, Andres   2001:    
La separación entre el estado y la sociedad y el desdoblamiento entre lo publico y lo privado.
Corrientes, ITGD, 2001.

Touchard, Jean   1979:   
Historia de las ideas políticas.
Madrid, ed. Tecnos, S.A. trad. cast. de J. Pradera 1979.

junio 20, 2017

La separación entre el Estado y la Sociedad y el desdoblamiento entre lo público y lo privado

Notas sobre Estado y Sociedad / 2

Andrés Salvador

El Juramento del Juego de la pelota, 20 de junio de 1789
Jacques-Louis David (s. XVIII)
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Actualmente en el Château de Versailles
 Le Serment du Jeu de Paume, 20 juin 1789
Nº d'inventaire: INV.DESS 736
http://www.chateauversailles.fr/decouvrir-domaine/les-collections/les-collections
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En este trabajo se estudia la separación del Estado de la Sociedad y el consecuente desdoblamiento entre lo Publico y lo Privado, señalando los motivos de los cambios y sus implicaciones, y que continua el examen de los conceptos de Estado y Sociedad que iniciamos en El Estado y las Categorías Políticas Preestatales [ITGD, Corrientes, 2001].

La separación entre el Estado y la Sociedad. El Estado como poder separado de su base social, de la Sociedad en su conjunto, es un fenómeno netamente moderno (Cordova, 1986: 21 nota 1).

Identificación de las esferas de la vida social en las categorías políticas anteriores al Estado. Escribía Raymundo M. Salvat que la organización política de un país, puede encontrarse estrechamente vinculada a la organización del régimen de los derechos reales, como lo demuestra claramente la época feudal, durante la cual los señores como consecuencia de la propiedad de las tierras, estaban también investidos de una serie de derechos y poderes que en realidad constituían el ejercicio de la soberanía (Salvat, 1961: 2).

En efecto, las categorías políticas que consideramos y que señalamos como anteriores al Estado: Polis [y Civitas], Imperium, y Regnum, corresponden a sociedades en el que todas las esferas de la vida social se identifican: lo religioso, lo político, lo social, lo ético, lo jurídico y lo económico equivalen entre si (Cordova, 1986: 22 y 24).

Es decir que el Estado [en tanto organización política] y la Sociedad eran entonces la misma cosa (Cordova, 1986: 22). Así para los griegos el “Estado” [en realidad la polis] era la Sociedad misma (Cordova, 1986: 23).

Bajo el feudo medieval lo político se confunde con la propiedad territorial y la comunidad natural que le es propia como forma de organización económica (Cordova, 1986: 21 nota 1). Para la Sociedad feudal los elementos de la vida civil se habían elevado al plano de elementos de la vida “estatal” (Cordova, 1986: 255)[1]; de este modo (Arvon, 1971: 18):

                    La  Sociedad                                se reflejará en                El Estado       
               
1. La Posesión                                                               "                   1. El Señorío 
    [la repartición  de la Propiedad de la Tierra]                                               [la Propiedad  Territorial]
2. La Familia [su organización]                                        "                   2. El Estamento [o la Casta]
3. El  tipo y modo de trabajo                                           "                    3. El Sistema Corporativo
                                                                                                                [o la Corporación]

El “Estado” reproducía fielmente a la Sociedad (Arvon, 1971: 18) es decir lo social tenia directamente un carácter político (Cordova, 1986: 255). Es por ello que Maurice Hauriou[2] dice que no hay Estado en el sentido propio de la palabra sino cuando el poder político de dominación se separa de la propiedad privada (Cordova, 1986: 21-22) con lo que adquiere lo que constituye su toque distintivo como organización moderna: su autonomía respecto de las formaciones sociales de todo tipo (Cordova, 1986: 21).

El desdoblamiento entre lo publico y lo privado. La separación entre el Estado y la Sociedad produce un desdoblamiento en la vida misma del individuo el que será al mismo tiempo miembro de la Sociedad civil, es decir hombre privado, burgués y miembro del Estado es decir hombre publico, ciudadano (Cordova, 1986: 256-257). Tendremos entonces por un lado la Vida Publica por el otro la Vida Privada (Cordova, 1986: 22).

Entre los Griegos y los Romanos no es posible hablar de  «Publico» o de «Privado», en efecto, entre los antiguos ambos términos  eran equivalentes y esto debido a la falta de autonomía que caracterizaba a los elementos integrantes de la Sociedad antigua (Cordova, 1986: 25-26).

En este sentido, Jean - Pierre Vernant señala que  V. Ehrenberg [The greek state, Oxford, 1960, p.89], comprueba que hay, en el núcleo de la concepción griega de la sociedad una contradicción fundamental: el Estado es uno y homogéneo; el grupo humano está formado de partes múltiples y heterogéneas. Esta contradicción se mantiene implícita, no formulada, porque los griegos no distinguieron claramente nunca entre estado y sociedad, entre plano político y plano social. De ahí la dificultad, por no decir la confusión, de Aristóteles cuando trata de la unidad y de la pluralidad de la polis (Vernant, 1979: 35 nota 10).

Entonces, como miembro de la Sociedad civil, el hombre es fundamentalmente hombre desigual, mas como ciudadano es un individuo igual; si se observa al hombre como propietario en la esfera del Derecho y del Estado es tan igual como todos los propietarios pues en esa esfera se le contempla tan solo como titular del derecho abstracto de propiedad, pero en cuanto poseedor real de la riqueza es fundamentalmente desigual, pues el presupuesto real de la propiedad dedicada al intercambio mercantil es la desigualdad de fortunas (Cordova, 1986: 257).

Motivos de los cambios e implicaciones. La separación entre Estado y propiedad o en general, entre Estado y Sociedad se opera a partir de la Revolución de Independencia de las colonias Inglesas del Norte de América y de la Revolución Francesa (Cordova, 1986: 256) como resultado de los rápidos progresos de los medios de producción y la circulación acelerada de las riquezas que hacen desear el fin de las sujeciones feudales y el imperio de mayor libertad (Arvon, 1971: 18).


Declaración de la Independencia de los Estados Unidos
John Trumbull (s. XIX)
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Se pasara así de una propiedad, la feudal, titular de si misma cuyos accidentes son los hombres y sus relaciones, a la propiedad capitalista que por el contrario, presupone al hombre como su titular. La primera es una propiedad inmóvil que encadena en su inmovilidad a los hombres, la segunda, una propiedad que cambia continuamente, que se transforma sin cesar y que sigue a los hombres o mejor a la voluntad de estos[3] y que se somete al destino que ellos le quieran dar (Cordova, 1986: 34-35).

La emancipación política, que reduce al hombre, por una parte a miembro de la Sociedad burguesa, a individuo egoísta e independiente[4] y por otra parte a ciudadano, a persona moral (Arvon, 1971: 19),  implica la generalización a toda la sociedad de las condiciones del burgués esto es cuando lo mismo al burgués real [el capitalista] que al burgués por extensión  [el obrero, el propietario de tierra, el profesionista liberal, el artista, etcétera] se les declara poseedores de mercancías. De este modo una clase impone sus intereses [de clase o particulares] como interés de toda la Sociedad [o interés general] (Cordova, 1986: 259)[5]

Así en principio, el Estado se identifica consigo mismo como poder general, su interés deja de ser directamente el interés de un grupo o individuos, para imponerse  como el interés general de toda la Sociedad [de allí que -el Estado- reclame para si no solo el monopolio de la fuerza sino que solo el decide sobre cuestiones que interesan a toda la Sociedad (Cordova, 1986: 244)]. Pero si bien los privilegios que antes pertenecían a un grupo o individuos se impone ahora como interés de toda la Sociedad, objetivamente solo corresponderán a unos cuantos (Cordova, 1986: 44-45).

En «La cuestión Judía»[6], un texto de Karl Marx, muy esclarecedor para una adecuada comprensión de los temas que aquí consideramos, se señala que la anulación política de la propiedad privada, cuando se suprime el censo de fortuna para el derecho de sufragio activo y pasivo, no solo no destruye la propiedad privada, sino que  lejos de ella, la presupone.

 
 Carlos Marx - Zur Judenfrage [=Sobre la cuestión judía]
Deutsch-französischen Jahrbüchern, 1844, p.182
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El Estado anula a su modo las diferencias de nacimiento, el estado social, de cultura y de ocupación al declarar el nacimiento, el estado social, la cultura y la ocupación del hombre como diferencias no políticas, al proclamar a todo miembro del pueblo, sin atender a estas diferencias, como participe por igual de la soberanía igual, al tratar a todos los elementos de la vida real del pueblo desde el punto de vista del Estado.

No obstante,  el estado deja que la propiedad privada, la cultura y la ocupación, actúen a su modo, es decir como propiedad privada, como cultura y como ocupación, y haga valer su naturaleza esencial. Muy lejos de acabar estas diferencias de hecho, el Estado solo existe sobre estas premisas, solo se siente como estado político y hace valer su generalidad en contraposición de estos elementos suyos (Cordova, 1986: 22 nota 2). Tenemos así hombres que son libres y al mismo tiempo desiguales (Cordova, 1986: 258).


Bibliografía

Arvon, Henri   1971:    
El Anarquismo.
Buenos Aires, ed. Paidos, trad. cast. de María Teresa Cevasco, 1971.

Cordova, Arnaldo   1986:    
Sociedad y estado en el mundo moderno.
México, ed. Grijalbo, 1986.

Salvat, Raymundo M.   1961:    
Tratado de derecho Civil Argentino. Derechos Reales I.
Buenos Aires, ed. Tipográfica Editora Argentina, actualizada por Manuel J. Argañaras, 1961.

Vernant, Jean - Pierre   1979:    
Los orígenes del pensamiento griego.
Buenos Aires, ed. Eudeba, trad. cast. de Marino Ayerra, 1979.


[1] En la sociedad medieval se consideraba que la estructura social era sagrada, de naturaleza divina. El orden social  era entendido como un orden natural en el que una persona poseía desde su nacimiento un lugar determinado, inmutable y fuera de toda discusión y en donde identificándose con su papel dentro de la sociedad era campesino, artesano, caballero y no un individuo a quien se le había ocurrido tener esta o aquella ocupación y que se corresponde a un contexto pre-estatal en el que se identifican las esferas de la vida social en las categorías políticas. La situación social del hombre y las diversas funciones que debían cumplir en los diversos sectores de actividades estaban prescritas por normas transmitidas desde tiempos inmemorables. Cf. Salvador, Andrés Raúl Oscar, La idea medieval de derecho y su abandono como condición para el inicio de la moderna teoría del estado, ITGD, Corrientes, 2001.

[2] El libro de Hauriou que Cordova cita es: Principes de Droit Public (París, 1916, p. VII); esta obra esta disponible en castellano como Principios de Derecho Publico y Constitucional, Editorial Reus (S.A.), Madrid, 1927, Biblioteca de Autores Españoles y Extranjeros, Volumen CV, traducción, estudio preliminar, notas y adiciones por Carlos Ruiz del Castillo.

[3] Cf. Salvador, Andrés Raúl Oscar, Interés para el Derecho, ITGD, Corrientes, 2001.

[4] Recordemos que se entenderá que el individuo se ve desgarrado por dos sentimientos contrarios, por una parte el instinto social que le hace descubrir su felicidad en la felicidad general, es decir el altruismo y por otra, el instinto de conservación que lo opone a sus semejantes, es decir el egoísmo. En la evolución de la humanidad, el egoísmo (instinto de conservación) le gano de mano al altruismo: El hombre se ha convertido en el lobo del hombre. El Estado se crea para hacer respetar las libertades individuales amenazadas por la lucha de todos contra todos que engendraba el triunfo del egoísmo. Ahora bien a pesar de instituir una organización colectiva, el hombre permanece fundamentalmente aislado y atomistico (Arvon, 1971: 23-24). Esta idea de individuos convertidos en una esfera autónoma y separada del resto se presenta cuando la vida política se escinde de la vida privada de los ciudadanos (Cordova, 1986: 44).

[5] En relación a esto  y de interés para la Teoría del Derecho del Mas Fuerte, es lo que señalara F. A. M. Mignet en su Histoire de la Revolution Francaise. Depuis 1789 jusqu`en 1814 [Nelson, Éditeurs. Paris, S.F., Tome Premier, pp.203-204]: La constitution de 1791 était faite d`aprés des principes qui convenaient aux idées et à la situation de la France. Cette constitution était l`œuvre de la classe moyenne, qui se truvait alors la plus forte; car, comme on le sait, la force qui domine s`empare toujours des institutions. Mais, lorsqu`elle appartient à un seul, elle est despotisme; à qulques-uns, elle est privilège; à tous, elle est droit: ce dernier état est le terme de la société, comme il est son origine. La France y était enfin parvenue après avoir passé par la féodalité, qui était l`institution aristocratique, et par le pouvoir absolu, qui était l`institution monarchique. L`égalité fut consacrée parmi les citoyens, et la délégation fut reconnue dans les pouvoirs; telles devaint être, sous le régime nouveau, la condition des hommes et la forme du gouvernement.

[6] Cf. Marx, Karl, La Cuestión Judía y Otros Escritos, Editorial  Planeta - De Agostini, S.A., Barcelona, 1993, Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo 54, traducción de José Ma. Ripalda (La Cuestión Judía), Wenceslao Roces y Manuel Sacristán, pp.21-61.

junio 10, 2017

El Estado y las categorías políticas preestatales

Notas sobre Estado y Sociedad / 1

Andrés Salvador

el Leviathan es una obra monstruosa, 
como su mismo titulo indica 

Leibniz[1]

Portada del libro de Thomas Hobbes
Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil (1651) 
realizada por Abraham Bosse
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El propósito de este trabajo es el de examinar el uso del termino estado y las distintas categorías políticas preestatales, procurando mostrar sus diferencias, y sobre esta base, las prevenciones respecto del uso de este termino, cuestión esta de interés en orden a una inspección critica del derecho.

El Estado. La  palabra Estado, empleada para designar a la organización política, es de origen moderno (Cordova, 1986: 22). En realidad el Estado, entendido como un poder central supremo diferenciado de la sociedad civil y capaz del «monopolio de la coerción física legitima»[2] sobre una población determinada y dentro de limites (fronteras) de un territorio dado[3] no es sino una de las formas históricas particulares que asumiera el poder político (Colombo, 1990: 97).

Categorías políticas preestatales. Es de interés considerar a las organizaciones políticas anteriores a la aparición de aquello que llamamos Estado, las que pueden agruparse en tres categorías (Colombo, 1990: 78):

1. Politeia (y Civitas): Presenta limites espaciales reducidos y población limitada, alta cohesión interna y fuerte participación política de lo que resulta un sentimiento definido de Identidad comunitaria. Regida por Leyes (Nomoi) y reconociendo la soberanía de la asamblea  (desde el siglo VII a. de C. aparecen fórmulas como la «la ciudad decidió», o mas tarde «quiso el pueblo que...») y la igualdad de sus miembros, la polis se enfrenta al problema de sus limites y de sus excluidos : Las mujeres, los extranjeros y los esclavos[4].

 Aun reclamando la invención de la política, la ciudad griega esta muy lejos del modelo estatal moderno, no existe en ella la autonomización de la instancia política con respecto a la religiosa: la definición mínima de ciudad se concentra en un lugar junto al Agora, donde se encuentra la sala del Consejo «el Pritaneo» en el que se conserva el fuego común que es el corazón de la ciudad. No hay tampoco una clara separación entre sistema político y «systeme de Parenté» y las relaciones políticas no son universalistas, estando limitadas a un numero reducido de «ciudadanos» (Colombo, 1990: 78-79).

Interesa señalar que en la Polis el poder político pertenece al conjunto de los ciudadanos no pudiendo hallarse lo que sin dudas es una de las notas distintivas del Estado moderno y que es el que el poder explícito se identifica con una organización jerárquica con delimitación de áreas de competencia[5].


Detalle de la Acropolis y el Aréopago
Leo von Klenze (s. XIX)
http://it.wikipedia.org/wiki/File:Akropolis_by_Leo_von_Klenze-award-3.jpg
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2. Imperium: El imperio nos proporciona el ejemplo contrario a la Polis. Los imperios ocupaban grandes extensiones territoriales como el Imperio Romano que conoció su máxima expansión en el siglo II o el Imperio Qing  (Ts`ing) de la dinastía Sinomanchú, que en el siglo XVIII englobaba 12 millones de kilómetros cuadrados (dos millones mas que la República Popular China), estaban fuertemente centralizados y dominaban a las poblaciones sometidas por las fuerza de las armas, sus fronteras se erigían frente al caos y la barbarie exteriores al orden del mundo conocido.

Pero, si bien algunos imperios como el Romano desarrollaron un aparato administrativo de primer orden y un sistema jurídico bien integrado, la cohesión del sistema fue siempre baja, no logrando integrar y hacer participar en el proceso político mas que a una parte muy reducida de la población de lo que resultaba una falta total de  sentimientos de lealtad o pertenencia al centro imperial (Colombo, 1990: 78).

Entiendo que esto se debe al menos en parte a que las lealtades primitivas, entendidas como identificaciones inconscientes, estaban previamente solicitadas por el grupo primario: Tribu, clan, “familia”, village [aldea o pueblo] (Colombo, 1990: 95).


Augusto di Prima Porta
Estatua de César Augusto que fue descubierta el 20 de abril de 1863
en la Villa ad Gallinas Albas o Villa de Livia
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Statue-Augustus.jpg
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3. Regnum: En cuanto al reino, tercera categoría que inspeccionamos, fue en la alta edad media la estructura política mas común en la Europa Occidental y era también la perfecta antítesis del Estado moderno ya que se fundaba sobre la lealtad hacia algunas personas y no sobre bases abstractas e instituciones mas o menos duraderas.

Un reino reunía las poblaciones que aceptaban a un cierto individuo como Rey o que reconocían el derecho hereditario de una familia a reinar, pero el espacio territorial por ejemplo, fundamental al Estado Nación, le era indiferente: El reino de los Visigodos se desplazo en algunas generaciones del Báltico al Mar Negro y luego al Golfo de Gascuña (Colombo, 1990: 79).


Louis IX ou Saint-Louis
d'après le Recueil des rois de France de Jean Du Tillet.
Bibliothèque Nationale de France. Peinture réalisée d'après l'image gravée sur le grand sceau du roi.
Un médaillon, au milieu de la partie inférieure de la bordure, présente l'image du contre-sceau royal.
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Louis_IX_ou_Saint-Louis.jpg
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Inicio del uso del termino Estado. Será con Maquiavelo que el termino Estado es usado por primera vez en un texto político, aun cuando la nueva terminología no logra ser completamente diferenciada de la que le antecede (Cordova, 1986: 23 nota 4).


Nicolás Maquiavelo
Santi di Tito (s. XVI)
Actualmente en el Palazzo Vecchio en Florencia, Italia
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Portrait_of_Niccol%C3%B2_Machiavelli_by_Santi_di_Tito.jpg
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Prevenciones que suscita el uso del termino Estado. Las solas diferencias que presenta el «nombre» que designa a la realidad política bastaría para justificar las prevenciones de Hermann Heller[6] para quien es completamente errónea la concepción de que la idea de Estado es algo así como una cosa invariable, que presenta caracteres constantes através del tiempo, como ocurre cuando se habla de investigar «el fenómeno del Estado en general» o de la esencia «del Estado en general» sin otra determinación.

Así es como plantea la cuestión la llamada Teoría «General» del Estado que (incluido Hans Kelsen) no lleva mas pretensión que la de generalizar ciertas características del Estado moderno a «todo» tipo de Estado, absolutizando y eternizando un objeto de estudio que es totalmente histórico (Cordova, 1986: 23 nota 5).


Bibliografia

Castoriadis, Cornelius   1991:  
Poder, política, autonomía.
en Ferrer, Christian (Compilador) El lenguaje libertario. Filosofía de la protesta humana. Tomo II, pp. 43-75, trad. cast. de Ignacio de Llorens.
Montevideo, ed. Nordan - Comunidad,  1991.

Colombo, Eduardo   1990:   
El estado como paradigma del poder.
en Ferrer, Christian (Compilador) El lenguaje libertario. El pensamiento anarquista contemporáneo. Tomo I, pp. 71-97, trad. cast. de Revista Utopía Nro. 5, en Buenos Aires.
Montevideo, ed. Nordan - Comunidad, 1990.

Cordova, Arnaldo   1986:   
Sociedad y estado en el mundo moderno.
México, ed. Grijalbo, 1986.

Heller, Hermann   1983:   
Teoría del estado.
México, ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de Luis Tobio, 1983.
   
Meabe, Joaquín E.   1993:   
Los presupuestos de la filosofía practica de Aristóteles y la génesis de la ética y la teoría del derecho como disciplinas programaticas.
Seminario de Filosofía Practica Clásica, Segundo Semestre
Corrientes, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas - Universidad Nacional del Nordeste, 1993.
                                              
Touchard, Jean   1979:   
Historia de las ideas políticas.
Madrid, ed. Tecnos, trad. cast. de J. Pradera 1979.

Weber, Max   1992:    
Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva.
Buenos Aires,  ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de José Medina Echavarría, Juan Roura Parella, Eugenio Imaz, Eduardo García Maynez y José Ferrater Mora, 1992.


[1] Cf. Touchard, 1979: 259.

[2] Cf. Weber, 1992: El estado racional como asociación de dominio institucional con el monopolio del poder legitimo, pp. 1056-1060.

[3] Cf. Colombo, 1990.

[4] La idea de hombre presenta un carácter restringido, al  respecto Joaquín E. Meabe (1993: 37-64 particularmente  nota 42 pp. 117-118) escribe:

“La ciudad griega, en su modelo clásico- sostiene Pierre Vidal-Naquet en su ensayo Esclavitud y ginecocracia en la tradición, el mito y la utopía incluido en Formas de pensamiento y formas de sociedad en el mundo griego. El cazador negro, Barcelona, ed. Península, 1983 (pags. 242-243)-  se definía por un doble rechazo: rechazo de la mujer en tanto que la ciudad griega era un "club de hombres" y rechazo del esclavo en tanto que era un "club de ciudadanos". Y hasta debería decir un triple rechazo, puesto que también el extranjero era rechazado, pero quizás el caso del esclavo no fuera sino el del extranjero llevado a su situación limite”.

[6] Cf. Heller, 1983: 19, ver también Supuestos Históricos del Estado Actual, pp. 141-154.

mayo 30, 2017

El Peronismo como Fascismo en el periodo 1943-1955

Notas sobre Estado y Sociedad /8
El Fascismo / 5

 Andrés Salvador

Sanguinetti comparó a Perón con Mussolini

El ex presidente del Uruguay Julio María Sanguinetti comparó al ex presidente argentino Juan Domingo Perón con el dictador italiano Benito Mussolini, al señalar que “había una cierta similitud de origen” entre ambos.
El ex mandatario sostuvo que el peronismo “de alguna manera se emparenta también con el fascismo italiano” que condujo Mussolini desde los años previos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. “No quiero decir que eran idénticos”, aclaró Sanguinetti sobre los movimientos políticos en cuestión, “sino que había una cierta similitud de origen que luego deviene en situaciones distintas”.
El ex presidente del vecino país consideró que “el error es que ahora cuando se dice fascista se piensa en una dictadura de derecha, pero en aquellos años fue una variante de la izquierda”.
No es la primera vez que se compara al movimiento liderado por Perón con el que condujo en Italia “Il Duce”, puesto que numerosos historiadores han considerado que el ex presidente argentino tomó elementos de propaganda usada por el fascismo.
 
- Diario Popular, Buenos Aires, martes 27 de mayo de 2008, p. 9.


Juan Domingo Peron 1895 - 1974
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1. Introducción

En este trabajo reunimos un conjunto de notas sobre el Peronismo como expresión del Fascismo en el periodo 1943-1955 para lo que se atiende a la posición asumida por el fascismo frente a la separación entre Estado y Sociedad como a su identificación con las ideas de socialismo nacional y tercera posición.


2. Antecedentes

El carácter Fascista del Peronismo como materia de controversia. El carácter fascista del peronismo ha sido materia de controversia desde su formación. En este sentido, al explicar la radical polarización de la opinión publica en las elecciones de febrero de 1946, Ricardo del Barco afirma que el contexto internacional “signado por el fin de la guerra y la derrota del nazi-fascismo y la creciente presión de los EE.UU. sobre la Argentina a propósito de nuestra neutralidad”  [Barco, 1983: 16] “llevó a una marcada polarización ideológica, entre “Nazi-Fascismo” y “Democracia”. Y como en toda polarización, los matices estuvieron ausentes. Términos como “democráticos” y “nazis” se cargaron en la política y en la sociedad de la época, de un contenido altamente emotivo y fueron utilizados como armas de combate para descalificar al adversario o prestigiar las propias posiciones” [Barco, 1983: 16].

Alberto Ciria señala que la llamada “Acción Argentina”, uno de los de los precedentes de la Unión Democrática[1], “había propugnado desde años atrás la unión de los partidos “democráticos” frente al “nazismo” [y] “[a]l identificar algo abusivamente nazismo con peronismo, la exigencia seguía en pie” [Ciria, 1985: 142].

No olvidemos que “quince días antes de la fecha fijada para la elección” y “la victoria de Perón parecía una posibilidad cada vez mayor” el Departamento de Estado de los Estados Unidos “introdujo deliberadamente el problema de las influencias nazifascistas en el régimen argentino” con la  publicación del Blue Book on Argentina [Peterson, 1985: 186] “haciendo públicas las pruebas de que disponía en el sentido de vincular al Coronel Perón y a algunos de sus ayudantes del G.O.U. con el régimen nazi de Alemania” [Ciria, 1985: 145][2].

Sería de particular interés estudiar la identificación del peronismo con el Nacionalsocialismo y el Fascismo en este contexto [3].


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En la literatura que ha abordado la cuestión, se encuentran quienes afirman que el peronismo es un fascismo, como Seymour Martín Lipset para quien si “se considera al peronismo como una variante del fascismo, es [...]  un fascismo de izquierda” [Lipset, 1964: 155][4] que posee “una ideología del estado fuerte, totalmente similar a la abogada por Mussolini” [Lipset, 1964: 152][5]; Carlos M. Rama sostiene que “entre las experiencias fascistas mundiales se debe incluir al peronismo argentino, realmente el único de los movimientos latinoamericanos que alcanzó el poder político y consiguió el control de un Estado” [Rama, 1979: 18][6]. Para Gino Germani[7]:

“La originalidad del peronismo consiste [...] en ser un fascismo basado en el proletariado y con una oposición democrática representada por las clases medias, circunstancia ésta que hubiera sido considerada absurda por los observadores europeos hace un cuarto de siglo.” [Germani, 1979: 336 nota 5][8].

Entre los que niegan que el peronismo sea un fascismo están Peter Waldmann,  quien afirma que si bien:

 “Es indudable que la persona y el estilo de gobierno de Mussolini ejercieron una considerable influencia sobre Perón e imprimieron a su gobierno características que provienen innegablemente del modelo italiano. Sin embargo, no debe sobrestimarse la influencia de éste u otro sistema fascista europeo sobre el peronismo” [Waldmann, 1985: 52-53][9].

Renzo De Felice entiende que “es inaceptable que se hable de fascismo [...] a propósito del peronismo argentino, que sin embargo podría ser el más parecido” [Felice, 1979: 102]. Ciria considera poco convincentes las opiniones “que para analizar el ‘peronismo’ proponen asimilaciones fundamentales [...] con movimientos totalitarios de Europa” [Ciria, 1985: 362][10].

José Enrique Miguens[11] que estudia lo que llama las acusaciones hechas al fenómeno social del peronismo y de su concreción política “de ser nazis, fascistas y antidemocráticos”, considera estas  como “deformaciones tendenciosas y sectarias” [Miguens, 1988: 20]; en tanto que Cristián Buchrucker[12], termina por ubicar al peronismo en la categoría de “populismo autoritario” [Buchrucker, 1999: 397].

3. Desarrollo

Concepto de Fascismo en este examen. En este trabajo partimos del concepto de Fascismo conforme lo establecimos en El concepto de Fascismo en el contexto de la separación de Estado y Sociedad [Corrientes, 2011].


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El Justicialismo como Fascismo. Independientemente de la relación material que Perón pudiera tener con el gobierno alemán Nacionalsocialista - cuestión esta en la que hay que reparar en la tarea de desinformación o propaganda negra británica[13] - o la admiración que pudiera experimentar por Mussolini, lo que debe notarse en el examen de la cuestión es que el Justicialismo, sin ser una reproducción mecánica de los fascismos europeos, tiende como estos a identificar al Estado con la Sociedad.

Es el propio Perón el que afirma la relación del justicialismo con el fascismo para lo que recurre a dos conceptos: Socialismo nacional y Tercera posición:

“Me ubiqué en Italia, entonces. Y allí estaba sucediendo una cosa: se estaba haciendo un experimento. Era el primer socialismo nacional que aparecía en el mundo. No entro a juzgar los medios de ejecución, que podrían ser defectuosos. Pero lo importante es esto: un mundo ya dividido en imperialismos, ya flotantes, y un tercero en discordia que dice: “No, ni con unos ni con otros, nosotros somos socialistas, pero socialistas nacionales”. Era una tercera posición entre el socialismo soviético y el capitalismo yanqui” [Luna, 1969: 74-75].



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Socialismo nacional, Tercera posición y Fascismo. En su libro La hora de los pueblos [1982], Perón identifica expresamente el Fascismo con dos conceptos:

  1. Socialismo nacional:

“Las ideologías encontradas habían perdido su importancia desde que los capitalistas y los comunistas se habían coaligado para aplastar al “tercero en discordia”, representado por Italia y Alemania. Desaparecía así toda posibilidad momentánea de un socialismo nacional y no quedaba, en consecuencia, como tendencias ideológicas, sino el capitalismo y el comunismo.” [Perón, 1982: 174][14].

  1. Tercera posición:

 “La fuerza que había aplastado al socialismo nacional naciente en la Europa de preguerra, no había podido sin embargo impedir que otros socialismos nacionales surgieran en el mundo, impuestos por una evolución indetenible y es así que, dentro del esquema de entonces, surge una “tercera posición” tan distante de uno como de otro imperialismo.” [Perón, 1982: 174].


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Socialismo nacional, Tercera posición y Justicialismo. También en La hora de los pueblos [1982] Perón  establece la correspondencia entre Justicialismo y Socialismo Nacional [= Tercera posición (Luna, 1969: 75)]:

“En nuestro país, ese grupo de jóvenes coroneles, ya en 1943, adelantándose previsoramente a cuanto había de ocurrir en los veinte años subsiguientes, concibió la Revolución Justicialista, destinada a cumplir los mismos fines: encarar una reforma incruenta que, sin violencias inútiles, transformara la comunidad argentina, abiertamente liberal, capitalista y burguesa  por imposición de sus metrópolis, en un socialismo nacional cristiano más a tono con las formas que el mundo comenzaba a vivir. Ese es el punto de partida del Movimiento Justicialista.” [Perón, 1982: 174].

Un interesante testimonio sobre la identificación entre Socialismo nacional, Tercera posición y Justicialismo es el de Juan José Güiraldes quien, al referirse al movimiento del 4 de junio de 1943, afirma:

“Y aparece eso que todavía influye en nuestros días en muchos compatriotas, el que ante el eventual fracaso del capitalismo –para llamarlo con el nombre que le pone Marx-,  las clases menos pudientes, llevadas por la desesperación, buscan soluciones que son remedios peores que los males./ Es evidente que con esto, después, en nuestro país, como consecuencia de algo a lo que no era totalmente ajeno el 4 de junio de 1943, es por donde aparece Perón, y esto era la “tercera posición”, es decir, ni comunismo ni capitalismo… nacional-socialismo.” [Güiraldes,1983: 64] [15].


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Estado, Sociedad, Movimiento y Líder. En la identificación del Estado [por via del Partido Peronista que expresa al Movimiento (Peronista) cuya columna vertebral son los Trabajadores] con la Sociedad [entendida como Comunidad Organizada] que intenta el Justicialismo, debe atenderse al uso que en relación a ello se hace de la idea de Movimiento y de la figura del Lider:

“En la tradición peronista, el movimiento (el movimiento peronista) significa la integración del pueblo al Estado, efectuada por la mediación simbólica del general Perón y también de su esposa Eva Perón con el fin de conquistar una auténtica autonomía nacional” [Bunuel, 1992: 128].

Es por ello que, como explican Ines Dussel y Pablo Pineau, en el peronismo:

“En cierta forma, el emisor y el receptor es el mismo, ya que el primero se identifica con el pueblo organizado con acceso al aparato del Estado, representado en la figura del Líder, y el segundo con las masas obreras o descamisadas.” [Dussel – Pineau, 1995: 126].



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Socialismo y lucha de clase en el Fascismo y en el Justicialismo. Al estudiar el uso del término Socialismo en relación al fascismo, observemos que este, como sostiene Mussolini en su articulo de la Enciclopedia Italiana, recusa la existencia de una  lucha de clase invariable y permanente, así como que esta pueda ser la fuerza preponderante en la transformación de la sociedad [Sabine, 1982: 641], de forma análoga, Carlos Berraz Montyn, en su Ensayo sobre las Verdades Fundamentales del Justicialismo [1951] escribía sobre este asunto que desde esta perspectiva:

 “Es preciso recordar muy puntualmente que la lucha de clases no debe considerarse sino como  estado anormal de la sociedad; lo bien regido es incompatible con semejantes estados de hecho, que suponen desorden y desequilibrio, por lo cual los gobernantes prudentes y bien inspirados deben poner su primer cuidado en remover toda causa perturbadora de la paz social y esto se consigue mediante la justicia y la igualdad.”

 Seguidamente Berraz Montyn cita un discurso de Perón del 9 de abril de 1949 en que este afirma:

“La lucha de clases no puede ser considerada hoy en ese aspecto que ensombrece toda esperanza de fraternidad humana. En el mundo, sin llegar a soluciones de violencia, gana terreno la persuasión de que la colaboración social y la dignificación de la humanidad constituyen hechos no tan sólo deseables cuanto inexorables. La llamada lucha de clases, como tal, se encuentra en un plano de superación. Esto, en parte, era un hecho presumido. La situación de lucha es inestable, vive de su propio caldo, consumiéndose hasta obtener una decisión. Las llamadas clases dirigentes de épocas anteriores no podían sustraerse al hecho poco dudoso de sus crisis. La humanidad tenia que evolucionar forzosamente hacia nuevas concepciones vitales y lo ha hecho” [Berraz Montyn, 1951: 73].


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[1] Explica Miguens que los grupos tan disímiles que integraban la Unión Democrática pretendieron “reproducir aquí en la Argentina la alianza bélica de conveniencia de las grandes potencias mundiales, entre plutocracia y comunismo, viéndose ellos fantasmalmente como heroicos luchadores contra un imaginario nazi-nipo-fascismo local” [Miguens, 1988: 19]; sobre esto y en una interpretación marxista de la participación en ella del Partido Comunista, Fernando Nadra escribe:

“Mientras en el mundo el nazi fascismo firmaba su rendición incondicional, después que el Ejercito Soviético clavó la bandera roja en lo alto del Reichstag, en la Argentina tenía lugar aún un episodio de la lucha antifascista./ Debido al combate antifascista de nuestra clase obrera y de nuestro pueblo, y en buena medida gracias a la decisión y al gigantesco trabajo desplegado por nuestro partido, inspirado en su Xº Congreso, se llegó a constituir el movimiento o alianza democrática y antifascista, llamado Unión Democrática, no sin haber librado una ardua lucha ideológico-política. Y aunque sólo se logró un acuerdo electoral, con él había que enfrentar a las fuerzas profascistas, ahora encubiertas con la máscara obrerista, en lo que tampoco se diferenciaban mucho de Hitler y Mussolini./ Así eran las cosas, crudamente planteadas, en 1945.” [Nadra, 1971: 22].

Como observa Ernestina Garrido la Unión Democrática fue un:

“verdadero Yalta vernáculo donde convergieron desde el entonces embajador norteamericano Braden hasta el Partido Comunista” [Locchi, 1991: 8].

En relación al antifascismo de la Unión Democrática escribe  Juan José Hernandez Arregui:

“Y así, mientras el 17 de octubre de 1945, el pueblo anónimo y revolucionario se movilizaba en la lucha antiimperialista, contra él se agrupaban en la Unión Democrática, al grito de ¡Viva Braden!, las fuerzas de la oligarquía, del imperialismo y de los partidos políticos en descomposición, enmarcando su antifascismo teórico con insultos al proletariado argentino que salía a la calle con formidable decisión histórica. Esos demócratas eran mas antifascistas que Winston Churchill, quien en alguna oportunidad le confeso a Mussolini: “De ser yo italiano, Duce, puede estar seguro que también sería fascista. Tales partidos democráticos, mientras el pueblo argentino se enfrentaba con el imperialismo, pidieron –hecho único en la historia- la “intervención armada extranjera”. Y esto es también verdad para vergüenza de una época.” [Hernandez Arregui, 1959: 60].

[2] Ciria cita aquí a Edmund Smith Jr., Diplomacia yanqui (Intervención de los Estados Unidos en la Argentina), trad. de Amelia Aguado, Buenos Aires, Palestra, 1965, p.156 (Ciria, 1985: 152 nota 95).

[3] En este sentido es instructiva la obra de Joseph A.Page, Perón – Primera Parte (1895-1952) [1984], en particular el capitulo titulado <El estigma Nazi-fascista> [pp.107-112].

[4] Sobre el concepto de izquierda en este autor y su  empleo en relación al fascismo peronista cf. Lipset, 1964: 155 nota 76.

[5] Véase de este autor <Peronismo: El “Fascismo” de la clase baja> en Lipset, 1964: 152-155; señala Lipset que  “Debería destacarse que a veces Perón aceptaba su vinculo con el fascismo y ensalzaba a Hitler y a Mussolini.” [Lipset, 1964: 152 nota 68].

6] Según Alberto Ramón Leal, Peter Worsley en El concepto de Populismo, al describir los rasgos fundamentales del populismo, concepto que aplica al peronismo y al “getulismo” de Vargas, entiende que:

 “Las experiencias y doctrinas fascista fueron imitadas a través de programas de bienestar social (políticamente capitalizados por Evita, esposa de Perón), de la seudo participación popular (siempre la comunicación es en un solo sentido) a través del contacto masivo con el líder, en reuniones gigantescas, y la organización de las masas trabajadoras en sindicatos autoritarios, dirigidos por agentes del partido dominante. Ciertos rasgos de violencia y ataque permanente a las libertades públicas de la oposición, acentúan el parentesco de estos populismos de derecha con el fascismo. El anticomunismo simultaneo con el proclamado antiimperialismo, contribuye a fijar la “tercera posición” que a veces declararon o practicaron, en apariencia, estos movimientos.” [Leal, 1974: 196].

[7] Cf. <La seudosolución totalitaria y el caso argentino> en Germani, 1979: 335-353.

[8] Anotemos que remiten a Germani: Lipset, 1964: 153 nota 70 [120 nota 8];  Ciria, 1985: 367 nota 54 y De Felice, 1979: 102 nota 38.

[9] Según Waldmann “[e]sto se aplica tanto al fascismo italiano y al nacionalsocialismo, como también a las formas de Estado autoritario desarrolladas en la Península Ibérica” [Waldmann, 1985: 98 nota 6]; refiriéndose al principio del líder como una de las ideas rectoras del peronismo escribe “Tal principio es destacado como rasgo característico del gobierno peronista, sobre todo por aquellos autores que han visto en éste una variante del fascismo o -lo que es menos frecuente- del nacionalsocialismo.”  [Waldmann, 1985: 52], señalando en nota a estos autores: Reynaldo Pastor, Frente al totalitarismo peronista, Buenos Aires, 1959; Raúl Damonte Taborda, Ayer fue San Perón, Buenos Aires, 1955; Armando  Alonso Piñeiro, La Dictadura peronista, Buenos Aires, 1955; Ezequiel Martínez Estrada, ¿Qué es esto? Catalinaria, Buenos Aires, 1956;  Américo Ghioldi, De la Tiranía a la Democracia Social, Buenos Aires, 1956 y Silvano Santander, Técnica de una Traición, Juan D. Perón y Eva Duarte Agentes del Nazismo en la Argentina, Buenos Aires, 1955 [Waldmann, 1985: 98 nota 5].

Señalemos que Felix Luna califica al libro de Silvano Santander [edición de Montevideo, 1953] como uno “por momentos delirante” y nos informa de una respuesta de Carlos von der Becke titulada Destrucción de una infamia [Buenos Aires, 1956] [Luna, 1969: 71 nota 8].

[10] Sobre el peronismo como movimiento de masas parecido al fascismo y el cuestionamiento de esta “visión simplista” cf. Ciria, 1985: 367 nota 53.

11] Cf. <Deformaciones tendenciosas del fenómeno peronista> en Miguens, 1988: 18-47.

[12] Cf. <Peronismo y Fascismo> en Buchrucker, 1999: 392-399.

[13] Escribe Page:

“Los rumores sobre la llamada fortuna de Perón rastrean los orígenes de su acumulación de riquezas hasta el dinero que él y Evita supuestamente ganaron vendiendo pasaportes. Un articulo reciente, por el contrario, informa que las historias de que los altos jefes nazis convirtieron sus fortunas en oro y se fugaron de Europa en submarinos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial tendrían origen en una campaña británica de desinformación o “propaganda negra”, destinada a convencer a los soldados y civiles alemanes de que sus líderes  los estaban abandonando.” [Page, 1984: 110].

El articulo citado es de R. Newton, “Indifferent Sanctuary: German-Speaking Refugees and Exiles in Argentina, 1933-1945”, Journal of Inter-American Studies and World Affaire, Vol. 24, noviembre 1982, p. 395 [Page, 1984: 324 nota 10].

[14] José Antonio Primo de Rivera establece la identificación  Fascismo = Socialismo Nacional cuando refiriéndose a Azaña expresa:

“¡Qué lástima! Un hombre capaz de emocionarse, de exaltarse así, con verdadera elocuencia cuando habla de la grandeza de España, mientras esos otros energúmenos que le rodean sólo piensan en su destrucción y en su hundimiento, debería tener la consecuencia y el valor de tirar por la borda todos los lastres de plebeyez y de vulgaridad demagógicas. ¡Qué lástima!, porque él sería el jefe natural de un fascismo español, de un socialismo nacional, que nos ahorraría toda la sangre y los sacrificios que han de venir. Y cuánto más cómodo le resultaría a él que a mi, puesto que tiene de un modo inmediato lo que a mí me falta; yo para las masas seguiré siendo, aún por mucho tiempo, un señoriíto, el hijo del dictador” [Hervás, 1996: 16].

[15] Mas adelante agrega Güiraldes:

 “Yo creo que todo el error del peronismo es haber querido adoptar un esquema que pareció, en algún momento, que podía ser una solución en el mundo y que después no solamente fracasa en su lugar de origen, sino que fracasa bélicamente, es derrotado.” [Güiraldes, 1983: 64].