febrero 15, 2018

El Mito en las sociedades arcaicas

Notas sobre el pensamiento simbólico

Andrés Salvador

La batalla de Thor con los Ettins
Mårten Eskil Winge (s. XIX)
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El mito en las sociedades arcaicas. En las sociedades arcaicas, los mitos, se entienden no como fábula, invención o ficción sino por el contrario como una historia verdadera de inapreciable valor por ser sagrada, ejemplar y significativa. Para las sociedades arcaicas y tradicionales el tiempo mítico de los orígenes es un tiempo transfigurado por la presencia activa, creadora de los seres sobrenaturales. Es decir estamos ante una:

  1. Historia: los mitos constituyen la historia de estos seres sobrenaturales.

  1. Verdadera: esta historia se refiere a realidades.

  1. Sagrada: por que es obra de los seres sobrenaturales.

  1. Ejemplar y significativa: por el hecho mismo de relatar el mito, las gestas de los seres sobrenaturales y la manifestación de sus poderes sagrados, se convierte [el mito] en el modelo ejemplar de todos los ritos y actividades humanas significativas: tanto la alimentación o el matrimonio como el trabajo, la educación, el arte, o la sabiduría [Eliade, 1985: 37-50, Eliade, 1992a: 84-88, Eliade, 1991: 12-13 y 26; AAVV, 1993: 13-22].

El nacimiento de Venus
William-Adolphe Bouguereau (s. XIX)
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Mitos cosmogónicos y mitos de origen. Los acontecimientos míticos, que tuvieron lugar ab origine [Eliade, 1991b: 10], se constituyen por los mitos cosmogónicos, es decir aquellos que relatan como vino a la existencia el cosmos [Eliade, 1992a: 70], y que se pueden equiparar a los mitos de origen, es decir aquella historia mítica que relata el origen de algo [Eliade, 1991a: 28]. 

Desde el punto de vista de la estructura los mitos de origen se equiparan al mito cosmogónico. En efecto, al ser la creación del Mundo, la creación por excelencia, la cosmogonía pasa a ser el modelo ejemplar para toda especie de creación, si bien, esto no supone, que el mito de origen imite o copie el modelo cosmogónico, pues no se trata de una reflexión coherente y sistemática. 

Pero toda nueva aparición, sea de un animal, de una planta o de una institución, implica la existencia de un Mundo. Cuando se trata de explicar como, a partir de un estado diferente de cosas, se ha llegado a la situación actual, por ejemplo, cómo el cielo se ha alejado de la Tierra, o cómo el hombre se ha hecho mortal, el Mundo ya estaba allí, aun cuando su estructura fuera diferente y de que no fuera aún nuestro mundo. 

Todo mito de origen narra y justifica una situación nueva, nueva en el sentido de que no estaba desde el principio del Mundo. Los mitos de origen prolongan y completan el mito cosmogónico: cuentan cómo el Mundo ha sido modificado, enriquecido o empobrecido [Eliade, 1991a: 28]. 

Es al mito primordial que le compete conservar la verdadera Historia, la historia de la condición humana: es en él donde hay que buscar y encontrar los principios y los paradigmas de toda conducta [Eliade, 1991b: 12].


Ouroboros
Dibujo realizado por Theodoros Pelecanos, en el tratado alquímico titulado Synosius (1478)
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La sacralidad cósmica. El complejo mítico-ritual con arreglo al cual vive el hombre tradicional se integra en la denominada Religiosidad Cósmica o Sacralidad Cósmica, a la que corresponde caractericemos antes de referirnos a la reactualización periódica de los acontecimientos míticos. 

La Religiosidad Cósmica, puede considerarse como un fondo común [Eliade, 1973: 55-56] muy arcaico, neolítico, que fue posible por la invención de la agricultura [Eliade, 1978: 45-71]. 

Este descubrimiento reveló todo un universo espiritual que permitió ciertas experiencias religiosas por las que el hombre capto la idea del ciclo nacimiento, vida, muerte, renacimiento y valoro su propia existencia integrada en el ciclo cósmico. 

El hombre neolítico comparó por primera vez la vida humana con la vida de una flor, de una planta, haciéndose místicamente solidario de la misma. La condición humana compartía así el destino de la planta y por ello mismo se integraba en un ciclo infinito de nacimientos, de muertes y de renacimientos. 

Es en el neolítico que nacieron las grandes metáforas que se mantienen desde el Antiguo Testamento hasta nosotros: El hombre es como la hierba del campo y otras muchas. No hay que entender este tema como una lamentación sobre el carácter efímero de la planta sino como un mensaje optimista, como un reconocimiento del círculo eterno de la vegetación y de la vida. 


Venus de Willendorf
24.000 a 22.000 AEC
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De allí que este sistema religioso integra todos los simbolismos de la fecundidad, de la muerte y del renacimiento: La tierra madre, la Luna, la Vegetación, la Mujer, etc. 

Durante el paleolítico la relación entre el hombre y la planta no era en absoluto evidente, tampoco lo era la unidad de la vida y la muerte, esto lo fue a partir del trabajo agrícola. 

La relación que se estableció entre la fecundidad de la tierra y la fecundidad de la mujer posibilitar  que‚ esta adquiera una enorme importancia religiosa a la vez que económico - social en virtud de su solidaridad mística con la tierra, que garantiza la fecundidad y en consecuencia la vida. La mujer cuya importancia religiosa no era evidente en el paleolítico, pasa con la agricultura, a ocupar un lugar importantisimo en la jerarquía religiosa [Eliade, 1978: 56-60; Frazer, 1980: 35-63; Reinach, 1977: 94-95][1]

El cazador primitivo no podía captar la santidad y el misterio de la fecundidad de la tierra igual que podía hacerlo el cultivador. Entre estos dos niveles de valores religiosos hay una ruptura evidente. 

Antes eran los huesos de la pieza cazada los que tenían un significado sagrado, luego los valores religiosos se referirán en especial al hombre y a la mujer cuya unión tenía por modelo, como veremos, la hierogamia cósmica. La invención de la agricultura permitir  al hombre profundizar en el carácter cíclico de la vida. 

Ahora bien, el cazador primitivo sabía perfectamente que la caza pare en primavera, pero es el agricultor el que captó la relación causal entre semilla y cosecha, así como la analogía entre semilla vegetal y semilla humana, lo que como dijimos afirmará la importancia de la mujer. 

Es así como a través de un descubrimiento técnico, la agricultura, se revela a la conciencia humana un misterio mucho mayor que el que contemplaba el cazador; se descubre ahora que el cosmos es un organismo vivo, regido por un ciclo en que la vida esta íntima y necesariamente ligada a la muerte, pues la semilla no puede renacer sino a través de su propia muerte.


Capac  Raymi,la fiesta incaica del solsticio de verano [Hemisferio Sur] y el comienzo del año
Guaman Poma De Ayala - El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno (1615)
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Reactualización periódica de los acontecimientos míticos. Dijimos que el mito es el modelo ejemplar de todos los ritos y actividades humanas significativas. El hombre arcaico, se esforzaba por no olvidar lo que había ocurrido in illo tempore y periódicamente, los acontecimientos míticos eran reactualizados, y, además vividos nuevamente: se repetía así la cosmogonía, los gestos ejemplares de los Dioses, los actos fundadores de civilización [Eliade, 1991b: 10]. 

Es decir, el tiempo mítico sagrado era entonces, indefinidamente recuperable ritualmente [Eliade, 1985: 26-32]. Con la reactualización ritual de los mitos, se asistía de nuevo a las obras creadoras de los seres sobrenaturales, se dejaba de existir en el mundo de todos los días y se penetraba en un mundo transfigurado, auroral, impregnado de la presencia de los seres sobrenaturales [Eliade, 1973: 31-32]. 

No se trataba de una conmemoración de los acontecimientos míticos, sino de su reiteración [Eliade, 1973: 32]. Las personas del mito se hacían presentes, uno se hacia su contemporáneo [Eliade, 1973: 32]. Esto implicaba que no se vivía ya en el tiempo cronológico, sino en el tiempo primordial, el tiempo en que el acontecimiento tuvo lugar por primera vez, era el tiempo prodigioso, sagrado [Eliade, 1973: 32]. 

Escribe Eliade que, el <<primitivo>> , el hombre arcaico no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que él hace, ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros [Eliade, 1985: 13]

En este contexto, una existencia individual se hace y se mantiene como una existencia plenamente humana, responsable y significativa, en la medida en que se inspira en ese acervo de actos ya efectuados y de pensamientos ya  formulados, y el ignorar u olvidar el contenido de esta memoria colectiva constituida por la tradición equivale a una regresión al estado natural o a un  pecado, a un desastre [Eliade, 1991a: 133].


Safo cantando para Homero
Charles Nicolas Rafael Lafond (s. XIX)
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Los mitos y la responsabilidad del hombre en el plano cósmico. Los mitos le ofrecen entonces al hombre de las sociedades arcaicas, no solo una explicación del mundo y de su  propio modo de existir en el mundo, sino que le permiten al rememorarlos, al reactualizarlos, ser capaz de repetir lo que los Dioses, los Héroes o los Antepasados hicieron ab origene [Eliade, 1991a: 20]. 

Conocer los mitos es aprender el secreto del origen de las cosas. En otros términos: se aprende no solo como las cosas han llegado a la existencia, sino también donde encontrarlas y como hacerlas reaparecer cuando desaparecen [Eliade, 1973: 26]. 

El repetir indefinidamente el mismo gesto Arquetípico revelado por el mito, no paralizó la iniciativa humana como podría parecer, antes bien , le permitió conquistar el mundo, organizarlo, transformando en paisaje natural en medio cultural [Eliade, 1973: 158-159]. 

En este sentido el hombre asume una responsabilidad en el plano cósmico [diferente de las responsabilidades de orden moral, social o histórico únicas que conocen las civilizaciones modernas] como es la de colaborar en la creación del cosmos, la de crear su propio mundo, la de asegurar la vida de las plantas y de los animales etc. [Eliade, 1992a: 83].


Bibliografía

AAVV   1993:             
El Pensamiento Pefilosofico. I. Egipto y Mesopotamia.
México, ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de Eli de Gortari, 1993.


Eliade, Mircea 1992a:
Lo Sagrado y lo Profano.
Barcelona, ed. Labor, trad. cast. de Luis Gil, 1992.

Eliade, Mircea 1991a:
Mito y Realidad.
Barcelona, ed. Labor, trad. cast. de Luis Gil, 1991.

Eliade, Mircea 1991b:
El Mito del Buen Salvaje.
Buenos Aires, ed. Almagesto, 1991.

Eliade, Mircea 1985:
El Mito del Eterno Retorno.
Barcelona, ed. Planeta-De Agostini, trad cast. de Ricardo Anaya, 1985.

Eliade, Mircea 1978:
Historia de las creencias y de las ideas religiosas. I. De la prehistoria a los misterios de Eleusis.
Madrid, ed. Cristiandad, trad. cast. de J. Valiente Malla, 1978.

Eliade, Mircea 1973:
Mito y Realidad.
Madrid, ed. Guadarrama, trad. cast. de Luis Gil, 1973.

Engels, Federico   1986:                
El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.
Barcelona, ed. Planeta-Agostini, trad. cast. de Ediciones Progreso [Moscú], 1986.

Frazer, James G.   1980:                 
La rama dorada.
México, ed. Fondo de Cultura Económica, trad. cast. de Elizabeth y Tadeo I. Campuzano, 1980.

Legon, Faustino J.   1953:                
Imprecisiones y equívocos del bio-origenismo estatal.
en Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Año VIII-Nº 32, Buenos Aires, Enero-Abril, 1953, pp.17-38.


Reinach, Salomon   1977:             
Orfeo. Historia General de las Religiones.
Buenos Aires, ed. Ediciones Antonio Zamora, trad. cast. de Domingo Vaca, 1977.


Vega, Juan José   1967:             
Dos notas sobre el Ciclo Matriarcal en el Antiguo Perú.
en Revista de Derecho y Ciencias Políticas. Órgano de la Facultad de derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Año XXXI-II, Lima, segundo cuatrimestre de 1967, pp.281-296.


[1] En el estudio del origen de la sociedad política, la importancia de la mujer en el marco de la sacralidad cósmica debe tenerse presente al examinar la teoría sociológica matriarcal; sobre esta, cf. Federico Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de 1884 [1986] en el que se examinan libros de importancia en relación al tema como los de: Lewis H. Morgan, Sociedad antigua, o Investigaciones de las líneas de progreso humano del salvajismo a través de la barbarie hasta la civilización, de 1877 [de este libro existe versión castellana con prólogo de Alfredo Palacios: Luis E. Morgan, La Sociedad primitiva, La Plata, 1935] y de Juan Jacobo Bachofen, Derecho Materno, de 1861; también de interés son los artículos de Faustino J. Legon, Imprecisiones y equívocos del bio-origenismo estatal [1953], y de Juan José Vega, Dos notas sobre el Ciclo Matriarcal en el Antiguo Perú [1967].