𝗨𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗳𝗹𝗲𝘅𝗶𝗼́𝗻 𝗶𝗻𝘁𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗹𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗮𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗮
𝗜𝗻𝘁𝗿𝗼𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻
La convergencia IA-robótica no solo altera los factores de producción; interpela los presupuestos antropológicos sobre los que se edificó la modernidad política. La paradoja de la automatización, tal como la denominan economistas como Andrew Yang, Anton Korinek y Daron Acemoglu, o futuristas como Yanis Varoufakis, consiste en que la sustitución generalizada del trabajo humano genera sobreproducción potencial pero colapso de la demanda efectiva, rompiendo el circuito input-output del capitalismo clásico. Frente a esta tensión, emergen dos respuestas principales:
(a) la abundancia barata, que confía en que la deflación tecnológica hará superfluos los ingresos laborales elevados, y
(b) la redistributiva, que propone transferencias estatales o corporativas (UBI, impuesto a robots, propiedad universal de IA) para sostener el poder adquisitivo.
Ambas, sin embargo, parecen sustentarse en una antropología filosófica positiva —heredera del humanismo ilustrado— que concibe al ser humano como esencia racional, proyectual y capaz de trascender la necesidad económica hacia formas superiores de realización. Este sustrato implícito introduce un sesgo optimista que puede subestimar riesgos políticos y sociales. En el artículo analizamos esta hipótesis en términos sistémicos y la vinculamos con la historia constitucional argentina.
𝟭. ¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗮𝗻𝘁𝗿𝗼𝗽𝗼𝗹𝗼𝗴𝗶́𝗮 𝗳𝗶𝗹𝗼𝘀𝗼́𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝘁𝗶𝘃𝗮?
La antropología filosófica positiva es aquella concepción del ser humano que enfatiza su racionalidad, perfectibilidad y apertura al bien y al progreso. Desde Boecio (s. VI) —“el hombre es substancia individual de naturaleza racional”— pasando por el humanismo renacentista, la Ilustración (Kant: el hombre como fin en sí mismo; Condorcet: perfectibilidad indefinida) y el liberalismo clásico, se postula que el ser humano no está determinado por instintos destructivos ni por una “caída” ontológica irreparable, sino que, liberado de la escasez y la coerción, florece en creatividad, cooperación y autorrealización.
Esta visión contrasta con antropologías pesimistas (Hobbes: hombre lobo del hombre; tradición judeo-cristiana del pecado original; Arendt: necesidad de acción y pluralidad para dar sentido a la existencia). La positiva no niega el mal, pero lo atribuye principalmente a condiciones externas (escasez, ignorancia, instituciones defectuosas) que la técnica y la razón pueden superar.
𝟮. 𝗟𝗮 𝘀𝘂𝗯𝘆𝗮𝗰𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗻𝘁𝗿𝗼𝗽𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 “𝗮𝗯𝘂𝗻𝗱𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗯𝗮𝗿𝗮𝘁𝗮”
La propuesta de abundancia barata (post-escasez ligera) sostiene que la IA y la robótica reducirán los costos marginales a casi cero, haciendo que bienes y servicios básicos (alimentos, energía, transporte, vivienda) sean tan baratos que un ingreso residual mínimo permita un nivel de vida elevado.
Esta corriente —visible en Peter Diamandis, Ray Kurzweil o en versiones moderadas de Erik Brynjolfsson— descansa explícitamente en una antropología positiva: una vez liberado de la “lucha por la existencia”, el ser humano se dedicará naturalmente a actividades superiores (=higher pursuits) como el arte, ciencia, relaciones, exploración.
Las higher pursuits es lo que queda del hombre cuando se le quita la obligación de ser una pieza más de la maquinaria económica, ello siempre, valga tenerlo presente, que no se presente el escenario previsto por el artículo de Citrini Research, examinado en en mi anterior nota, en el que se advierte que sin ingresos (por el fin del salario humano), no hay posibilidad de perseguir nada superior, ya que la persona queda atrapada en la miseria.
El paradigma clásico es el ensayo de John Maynard Keynes Economic Possibilities for our Grandchildren (1930): en 2030, predice, la productividad permitirá una semana laboral de 15 horas; el “amor al dinero” se revelará como “una enfermedad algo repugnante” y la humanidad cultivará “las artes de la vida” y “la vida misma”.
Keynes no solo proyecta crecimiento económico; proyecta una naturaleza humana que, saciada materialmente, elige racionalmente el ocio creativo. El sesgo optimista es claro: presupone que los individuos no caerán en anomia, adicciones o conflictos distributivos, sino que florecerán. En la era IA-robótica, esta visión reaparece en pronósticos de que la deflación tecnológica “resolverá” la paradoja de la automatización sin necesidad de intervención radical.
𝟯. 𝗟𝗮 𝘀𝘂𝗯𝘆𝗮𝗰𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗿𝗲𝗱𝗶𝘀𝘁𝗿𝗶𝗯𝘂𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀
Las propuestas redistributivas (UBI, robot tax, “dividendos ciudadanos” de datos o IA) buscan mantener la demanda agregada transfiriendo parte de la productividad del capital a las personas. Autores como Andrew Yang (The War on Normal People, 2020), Sam Altman o Glen Weyl parten de la paradoja de la automatización pero confían en que una renta universal liberará potencial humano. Aquí la antropología positiva opera de manera aún más evidente: se asume que, liberados del “trabajo alienado”, los individuos elegirán actividades significativas (emprendimiento, voluntariado, cuidado, creación cultural).
El ser humano es visto como proyecto (no como ente pasivo o depredador). Yang, por ejemplo, sostiene que el UBI permitiría “la mayor explosión de creatividad y emprendimiento de la historia”. El sesgo optimista radica en minimizar evidencias empíricas de que ingresos sin contraprestación pueden generar, en algunos contextos, desmotivación, aislamiento o polarización política. Se presupone que la racionalidad y la bondad esencial prevalecerán una vez eliminada la coerción económica.
𝟰. 𝗥𝗲𝘀𝗼𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝘆 𝘁𝗲𝗻𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗮𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗶𝗻𝗼
La tradición constitucional argentina incorpora fuertemente esta antropología positiva. Juan Bautista Alberdi, en Bases (1852), concibe al hombre como ser perfectible mediante el trabajo, la educación y la libertad económica. La inmigración europea debía crear un pueblo de productores libres cuya racionalidad y laboriosidad generarían prosperidad y república. El art. 14 de la Constitución de 1853 consagra derechos económicos como expresión de esa confianza en la naturaleza humana orientada al progreso.
La reforma de 1957 (art. 14 bis) y 1994 (art. 42) mantienen esa fe, pero la socializan: el trabajador no es solo homo economicus, sino sujeto digno cuya realización pasa por el trabajo y el consumo.
Ante la paradoja de la automatización, las soluciones de abundancia barata o redistributiva encuentran eco en este optimismo alberdiano: “si liberamos al hombre de la necesidad, florecerá”.
Sin embargo, también generan tensión: ¿qué ocurre con la identidad ciudadana si el trabajo —eje ontológico de nuestra Constitución— desaparece? Una antropología exclusivamente positiva puede llevar a subestimar la necesidad humana de acción (Arendt) o de reconocimiento social a través de la contribución productiva.
𝟱. 𝗘𝗹 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝘀𝗲𝘀𝗴𝗼 𝗼𝗽𝘁𝗶𝗺𝗶𝘀𝘁𝗮 𝘆 𝗹𝗮 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝗲𝗾𝘂𝗶𝗹𝗶𝗯𝗿𝗶𝗼 𝗮𝗻𝘁𝗿𝗼𝗽𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗼
El sesgo hacia el optimismo no es inocuo. Puede conducir a:
(a) subestimar dinámicas de poder (concentración de IA en pocas manos);
(b) ignorar evidencias de que el ocio masivo sin propósito genera patologías sociales;
(c) proponer reformas constitucionales ingenuas que no contemplen salvaguardas frente a una naturaleza humana también frágil y conflictiva.
Una reflexión madura requiere dialogar con antropologías más realistas o dialécticas (Polanyi: el hombre está “incrustado” en relaciones sociales; Arendt: la vita activa necesita pluralidad y trabajo). Solo así las soluciones técnicas a la paradoja podrán traducirse en reformas constitucionales viables y legítimas.
𝗖𝗼𝗻𝗰𝗹𝘂𝘀𝗶𝗼́𝗻
Una antropología filosófica positiva subyace con frecuencia a las corrientes de abundancia barata y redistributiva, sesgándolas hacia un optimismo que puede resultar funcional pero incompleto ante la paradoja de la automatización.
En el marco del derecho político argentino, esta subyacencia refuerza la tradición alberdiana de confianza en el progreso humano, pero exige también una actualización crítica: no basta con suponer que el ser humano “florecerá”; es necesario diseñar instituciones que respeten tanto su potencial creativo como su necesidad de sentido, reconocimiento y pluralidad.
La convergencia IA-robótica no solo desafía la economía; interpela la imagen misma del sujeto constitucional. Una reflexión serena, que integre optimismo ilustrado con realismo antropológico, es condición para que las respuestas no se conviertan en nuevas utopías fracasadas.
𝗙𝗼𝘁𝗼: Imagen inspirada en la portada del libro Leviathan de Thomas Hobbes, grabada por Abraham Bosse. La frase latina que aparece en la parte superior: "Non est potestas super terram quae comparetur ei" se puede traducir como "No hay poder sobre la Tierra que se le compare" y es una cita del Libro de Job 41:24. Imagen generada por Grok (xAI, [2026]). Prompt del autor.
𝗔𝗻𝗱𝗿𝗲́𝘀 𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗱𝗼𝗿. Abogado y Profesor en Ciencias Jurídicas, se desempeña actualmente como Profesor Adjunto en Historia Constitucional Argentina – Cátedra C y Jefe de Trabajos Prácticos en Derecho Político – Cátedra B en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).
